Calle Betis, Sevilla, España. Imagen: Abro Comillas.

Desde los orígenes del fútbol, los conflictos sociales y políticos han traspasado las gradas colándose en el terreno de juego. Esta Eurocopa no se ha quedado atrás. 

Camisetas con símbolos políticos, reivindicaciones territoriales, insultos racistas, visibilización de la diversidad sexual, gestos contra la discriminación racial, etcétera. 

Ahora bien, ¿debería el fútbol dejar de ser un instrumento para hacer política? Y, más allá de eso, ¿qué se considera política y qué no? ¿En qué aspectos puede influir en la mejora de la sociedad? ¿Hasta qué punto tiene poder este deporte para hacerlo?

Alemania se viste de arcoíris

La celebración del Orgullo LGTBI ha coincidido este año con el inicio de la Eurocopa. De hecho, la reivindicación de los derechos de las personas pertenecientes al colectivo se ha visto reflejada en el fútbol durante esta competición europea, aunque no han sido pocas las controversias generadas por ello.

El primer gesto a resaltar es el del portero alemán, Manuel Neuer, que porta en su brazo izquierdo el brazalete de capitán, pero con la peculiaridad de lucir la bandera del arcoíris en él. Desde amistosos previos al campeonato y durante todos los partidos de Alemania en la EURO 2020 hasta el momento, el guardameta ha saltado con él al verde para mandar un mensaje de apoyo a la diversidad en nombre de la Federación Alemana de Fútbol.

No es la primera vez que Neuer juega con el brazalete multicolor. Ya lo hizo en un encuentro de la Bundesliga (liga nacional alemana) con su club, el Bayern de Múnich, bajo la campaña “¡Nunca más!”, promovida en enero a nivel nacional.

Asimismo, en 2011, cuando aún militaba en su inicial equipo, el Schalke 04, también se manifestó al respecto: “Los fans van a acostumbrarse rápidamente, porque lo que a ellos les importa es el rendimiento del jugador, no sus preferencias sexuales”. Pese a que él se ha definido siempre como heterosexual, nunca ha olvidado la lucha por la tolerancia de esta minoría tradicionalmente marginada.

Buena parte del público apreció que se mantuviese esta reivindicación en la Eurocopa, aunque la situación de armonía se torció cuando la UEFA abrió una investigación debido a que en sus estatutos se recoge la prohibición de cualquier tipo de mensaje político.

“Querida UEFA, ¿es en serio?”, compartió en redes sociales Thomas Hitzlspeger, el exinternacional con Alemania que confesó su homosexualidad una vez retirado del fútbol. Martina Voss-Tecklenburg, seleccionadora femenina germana, también se pronunció: “Si ponen una multa, habrá que pagarla con orgullo”.

Por su parte, el Gobierno alemán tampoco se ha mantenido al margen, pues el portavoz del ejecutivo afirmó: “Los colores del arcoíris son un símbolo de cómo queremos vivir: con respeto mutuo y sin la discriminación”.

Finalmente, la UEFA concluyó que no se impondría ninguna sanción, además de reconocer que es un hecho que promueve una buena causa: la diversidad.

Sin embargo, la alteración resurgió con el rechazo de la propuesta del alcalde de Múnich, Dieter Reiter, de iluminar el estadio Allianz Arena con los colores de la bandera LGTBI. El ayuntamiento de la ciudad alemana realizó la petición para el partido que enfrentaría a su selección contra Hungría como respuesta a la aprobación del parlamento húngaro de la normativa que prohíbe hablar de homosexualidad en las escuelas y en programas o anuncios de televisión dirigidos a menores.

Hungría está dando pasos atrás en los derechos de las personas LGTBI y es uno de los países más homófobos de la Unión Europea. En 2019, el 51 % de la población estaba en desacuerdo con que las personas del colectivo tuvieran los mismos derechos que el resto, frente a un 6 % en España, por ejemplo.

A pesar de no considerar la bandera arcoíris un símbolo político y reconocer que es responsabilidad de todos eliminar la discriminación en el fútbol, la UEFA se mantuvo firme con su decisión. Rechazó la solicitud debido al contexto y propuso que la iluminación se trasladase a otra fecha.

No obstante, las cuentas oficiales de las redes sociales de la UEFA decidieron cambiar su foto de perfil por una con el logo de la confederación editado con los colores de la diversidad sexual.

Aun así, llegó una avalancha de críticas y reacciones. Varios clubes alemanes se posicionaron al respecto y optaron por iluminar sus propios estadios el mismo día del encuentro contra la selección de Hungría.

También lo hicieron jugadores como el centrocampista internacional alemán Leon Goretzka, quien celebró el gol que daba el empate a los alemanes recreando un corazón con las manos frente a la afición húngara. Más tarde, lo compartió en redes sociales junto a una bandera arcoíris y el lema “reparte amor”.

Y no solo desde Alemania, jugadores de todas partes de Europa han compartido también su opinión. “Bravo por Neuer y bravo por el Allianz Arena. Todo lo que sea sumarse a mejorar esta sociedad no debería ser aceptado, sino que también debería ser apoyado con más movilización”, explicó Borja Iglesias, delantero español del Real Betis, en el diario Marca. Otros, como el francés Antoine Griezmann, también dejaron su mensaje en redes sociales.

La afición tampoco se quedó atrás, pues una numerosa parte acudió con banderas y símbolos del Orgullo LGTBI. Además, un espontáneo saltó al campo ondeando la bandera arcoíris mientras sonaba el himno de Hungría justo antes de comenzar el encuentro.

La selección de Países Bajos se sumó a la iniciativa pro LGTBI y su capitán, Georginio Wijnaldum, lució un brazalete con el lema One Love en el partido de octavos de final contra República Checa.

En torno a este choque, que se disputaba en Budapest, también se generó polémica. Medios holandeses difundieron que la UEFA prohibiría la entrada al campo de banderas del Orgullo, algo que la organización desmintió de manera rápida y rotunda: “La UEFA daría una fuerte bienvenida a cualquier símbolo de este tipo”.

Wijnaldum en el partido Países Bajos-República Checa. Imagen: ©UEFA.

Por otro lado, en el partido que se disputaba esta misma tarde, Inglaterra-Alemania, se ha podido ver sobre el terreno de juego a ambos capitanes lucir una bandera arcoíris. Harry Kane ha sido el último, hasta ahora, en sumarse a la iniciativa de Neuer.

 

Macedonia del Norte, en el ojo del huracán

El pasado domingo 13 de junio se jugó en el National Arena de Bucarest (Rumanía) el Austria-Macedonia del Norte, quienes compartían grupo con Países Bajos y Ucrania en esta Eurocopa 2020.

En el minuto 59, Arnautovic entraba al campo para sustituir al también delantero Saša Kalajdžić. Sin embargo, fue en el minuto 89, momento en el que el punta marcó el tercer tanto para su selección, cuando la celebración del gol hizo saltar todas las alarmas. 

El jugador se había ganado la fama de ser el “chico malo del fútbol austriaco” puesto que, por casi todos los clubes por los que ha pasado a lo largo de su carrera, ha protagonizado un escándalo. En el Inter de Milán (Serie A), con Mourinho como entrenador, demostró una “mentalidad infantil”, tal y como aseguró el técnico portugués. Además, fue descubierto participando en carreras ilegales durante su etapa en el Werder Bremen (Bundesliga) de Thomas Schaaf.

Finalmente, se marchó a la Superliga china; a partir de ahí, parecía que el bad boy austriaco había dejado atrás sus días de locura y desenfreno para centrarse y madurar como jugador. 

Pero estos antecedentes de Arnautovic asustaron al público cuando, durante el encuentro que se disputó el domingo en la fase de grupos de la Eurocopa, el jugador del Shanghai Port dedicó una serie de gestos y gritos contra su rival; en concreto, contra el jugador de la selección macedonia Ezgjan Alioski. Así pues, la UEFA respondió con la sanción de un partido, lo que le hizo perderse el cara a cara contra la selección de Países Bajos, que acabaría primera de grupo. 

Este comportamiento del 7 de la selección recordó al incidente vivido cuando jugaba en el FC Twente. En un partido contra el Willem II Tilburgo, arremetió supuestamente contra Ibrahim Kargbo, jugador de Sierra Leona. Estas acusaciones no llegaron a más por falta de pruebas. Sin embargo, sirvieron para labrarse una imagen racista en su país. 

Tal y como se vio en los medios, el gesto de Arnautovic se pudo interpretar como un símbolo filonazi asociado a los supremacistas blancos. Adquirió este significado a partir de 2017, cuando en 4chan, una conocida página para difundir mensajes de odio, apareció una entrada titulada “O-KKK”. Tras la publicación de este post todo Twitter se inundó de “OK’s” con el objetivo de viralizar el mensaje supremacista. 

Arnautovic segundos antes de hacer el gesto “racista”. Imagen: ©UEFA.

Sin embargo, hay que ir más allá de esa primera lectura. El verdadero significado podría estar relacionado con los orígenes balcánicos de ambos futbolistas. Arnautovic, aunque con nacionalidad austriaca, cuenta con raíces serbias; mientras que Alioski, su rival de Macedonia del Norte, proviene de ascendencia albanesa.

A simple vista, no debería suponer un problema, pero se debe atender a los conflictos que se vivieron en los Balcanes a finales del siglo pasado. Kosovo vuelve a ser el territorio de la discordia, ya que ambas naciones mantienen sus reclamaciones sobre el mismo.

Desde que Serbia anuló la autonomía de la provincia autónoma de Kosovo, las tensiones entre las antiguas repúblicas yugoslavas no han cesado, sobre todo entre Albania y la propia Serbia. 

Como apunta Juan Andrés García, profesor de Historia del Mundo Actual de la Universidad Rey Juan Carlos: “Kosovo era parte de Serbia, aunque gran parte de su población era de origen e idioma albanés. Además, Serbia se niega a reconocer la independencia de su antigua provincia”. Y es que esta sería la verdadera raíz de los gritos racistas que habría espetado el delantero a Alioski. Como varios medios han comunicado, la palabra exacta que habría esgrimido sería shqiptar, expresión que se utiliza para referirse de manera despectiva a la población albanesa. 

Las muestras de enfrentamiento entre las ex repúblicas yugoslavas se han visto en más de una ocasión reflejadas en el campo. Por ejemplo, en la fase clasificatoria para la Eurocopa 2016, como apuntaba Juan Andrés García a la redacción de Abro Comillas, Serbia y Albania chocaron directamente en las fases eliminatorias, encuentro que acabó con la suspensión del partido.

Selección de Albania y Serbia en 2014. Imagen: Kurt Kulac.

En el minuto 41, un dron sobrevoló el campo con una bandera de la “Gran Albania”, un proyecto que pretende unificar Grecia, Macedonia, Montenegro, Serbia y Kosovo, donde la mayoría de la población es albanesa. 

El vuelo de dicho aparato acabó cuando Stefan Mitrović, delantero de la selección serbia, cogió la bandera. Esta acción no fue bien vista por la selección de Albania, lo que dio inicio a un espectáculo de golpes y violencia donde se pudieron ver hasta sillas volar. Cabe destacar que siete de los jugadores de Albania habían nacido en Kosovo.

Por su parte, tras todo el revuelo causado en esta EURO 2020, Arnautovic se disculpó tanto públicamente como por redes sociales. “¡No soy racista! He crecido rodeado de gente de casi todas las nacionalidades”, y añadió “todos los que me conocen saben que yo no soy racista”.

El seleccionador austriaco, Franco Foda, también salió en defensa de su delantero. Aseguró que “le habían provocado” y que no era más que una reacción airada al calor de la emoción del propio partido. 

Además de esta polémica, Macedonia del Norte se ha visto envuelta en otro escándalo durante la actual edición de la Eurocopa. El país balcánico decidió identificarse con la abreviatura “MKD”, que haría referencia a Makedonija (“Macedonia” en su idioma romanizado)

Esta vez, el enfrentamiento se produjo con su vecina: Grecia. El verdadero problema subyace en que “la Macedonia histórica era la zona septentrional de Grecia”, como explica a Abro Comillas el profesor Juan Andrés García.

El nombre con el que designar a Macedonia del Norte era el principal motivo de disputa entre ambos países. El territorio se había denominado durante muchos años como “Antigua República Yugoslava de Macedonia”. No obstante, tras más de 27 años de conflicto entre Grecia y Macedonia del Norte, se llegó a una solución con la firma del Tratado de Prespa. En él, se fijaba como nombre oficial “República de Macedonia del Norte”

Sin embargo, la Federación de Fútbol de Macedonia del Norte ignoró este acuerdo autodenominándose con las siglas “MKD”, las cuales hacen referencia únicamente a “Macedonia” y dejan al margen la coletilla “del Norte”. Esto ha enfurecido a los helenos, quienes consideran que se ha incumplido con lo firmado en 2018.


Así pues, el ministro de Exteriores griego, Nikos Dendias, pidió a Bujar Osmani, su homólogo normacedonio, que cumpliera con lo acordado y se identificaran con siglas como “NM” (North Macedonia) o “RNM” (Republic of North Macedonia). 

El verdadero origen de la disputa era defender la herencia cultural de la Macedonia griega, de la que vienen varias de las grandes figuras helenas, como Alejandro Magno o el propio Aristóteles. “La situación no deja de ser curiosa, ya que los griegos en la Antigüedad consideraban bárbaros y extranjeros a Macedonia”, afirmaba Juan Andrés García.

 

La camiseta de Ucrania, un nido de polémicas

Otra de las grandes polémicas de esta Eurocopa 2020 gira en torno a la equipación seleccionada por Ucrania. Y es que la parte superior de su uniforme cuenta con varios elementos que no han gustado nada a Rusia.

En primer lugar, la camiseta cuenta con los lemas “¡Gloria a Ucrania!” y “¡Gloria a los héroes!”, que exaltan el sentimiento nacional ucraniano y que, según apuntan desde el país de Putin, son una “provocación política”.

No obstante, fuentes ucranianas y medios afines al Gobierno justifican que la primera frase la empezó a utilizar una asociación de estudiantes ucranianos a finales del siglo XIX, pero su respuesta era bastante diferente («¡Gloria en toda la Tierra!»).  

Los dos eslóganes conjuntos, o variaciones más cercanas del segundo, surgieron entre los soldados ucranianos durante la fallida guerra de independencia de Ucrania (1917-1921), en la que se enfrentaron a la recién creada Unión Soviética, tras la caída del Imperio ruso.

El problema radica en que dichas expresiones han evolucionado con el paso del tiempo, aunque se han mantenido asociadas a grupos nacionalistas. Por ejemplo, la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), que no dudó en apoyar a los nazis en multitud de ocasiones, estableció el binomio como obligatorio en su segundo congreso en 1941.

A partir de ahí, los lemas han tomado fuerza en otras manifestaciones proucranianas, como en la Revolución del Maidán (2014). De hecho, las Fuerzas Armadas del propio país exsoviético los usan como saludo oficial desde el 2018.

La segunda controversia de la equipación ucraniana viene dada por la inclusión de un mapa del país en la zona pectoral. En un principio, no habría ningún problema, salvo porque su unidad territorial es motivo de discusión entre Ucrania y Rusia.

Así, la silueta de la equipación incluye a Crimea, región que los rusos se anexionaron en 2014, y la región del Donbás, compuesta por las dos provincias más al este (Donetsk y Lugansk) y de posicionamiento prorruso.

Mapa del este de Ucrania. Imagen: RGloucester.

La UEFA aceptó el diseño de las camisetas en diciembre de 2020, pero su presentación oficial originó varias discusiones e incertidumbre sobre la presencia de estos símbolos entre el 6 y el 11 de junio.

Finalmente, la UEFA aceptó la inclusión de todos los objetos de debate, a pesar de las quejas de Rusia y de la prohibición inicial del lema de «¡Gloria a los héroes!». Aun así, el organismo se reserva la posibilidad de estudiar el caso más a fondo tras la Eurocopa 2020.

Hemos demostrado que «¡Gloria a Ucrania!», «¡Gloria a los héroes!» y el gran escudo de armas de la selección nacional sobre el mapa de Ucrania son símbolos oficiales de fútbol de nuestro país”, publicó en Facebook Andrii Pavelko, presidente de la Asociación Ucraniana de Fútbol (UAF).

Sin embargo, lo que más ha molestado a los rusos es la aceptación de Crimea y de la región del Donbás como parte del territorio nacional. No es para menos, pues son territorios más cercanos a la Federación Rusa, sobre todo Crimea, y una gran oportunidad para Putin de seguir ganando influencia en países exsoviéticos y poder respecto a Estados Unidos (EE.UU.), a la Unión Europea (UE) y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Aun así, para conocer la situación reciente que atraviesan esos puntos del planeta y el porqué de la rivalidad ruso-ucraniana, debemos retroceder a los años finales del siglo pasado. 

El 25 de diciembre de 1991, se produjo la disolución de la Unión Soviética, lo que significó el fin de una de las mayores superpotencias del momento. Pese a ello, la mayoría de países que resultaron de dicho proceso continuaron con una colaboración mutua a través de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Como consecuencia, países como la propia Ucrania y Rusia mantenían una buena relación, algo que reforzaba la tendencia más prooccidental de Boris Yeltsin, presidente del gigante ruso por aquel entonces.

No obstante, la llegada de Putin al poder cambió las cosas a partir de 1999Y es que el nuevo líder ruso ha tratado de recuperar la influencia sobre las repúblicas que componían la Unión Soviética; algo que no ha gustado nada ni a la Unión Europea, ni a EE.UU., ni mucho menos a la OTAN, que temen perder aliados y peso en Europa Central y Oriental.

Mapa del pulso entre la OTAN y Rusia en Europa Oriental. Imagen: Abel Gil Lobo en El Orden Mundial.

La justificación de Vladímir Putin para llevar a cabo esta política ha sido la del nacionalismo que busca defender a la comunidad rusa en todos aquellos lugares donde se pueda sentir amenazada su continuidad.

Cabe señalar que, cuando se habla de la defensa de los rusos, no se refiere a aquellas personas de etnia rusa (nacionalidad Russkii). De hecho, la propia Federación Rusa cuenta con más de 200 nacionalidades distintas en su territorio.

En realidad, es un concepto mucho más amplio, pues está relacionada con una cuestión de ciudadanía que obtienen todos los habitantes sin importar su nacionalidad. Por tanto, esa «defensa de los rusos» por parte del Estado nación incluye a todos los que hayan incorporado a sus costumbres rasgos de la cultura Russkii.

En base a esto, Putin justifica las numerosas intervenciones en zonas como Osetia o Transnistria. Sin embargo, donde más se ha proyectado esa política exterior es en Ucrania. 

Hay varios motivos que han originado esta situación. Uno de ellos es que los intereses cuasi imperialistas del proyecto de política exterior ruso chocan con un intento de las élites ucranianas de consolidar un Estado unitario con las fronteras del mapa actual (con Crimea, Sebastopol y el Donbás), pero excluyendo a los habitantes de esas regiones prorrusas.

También, hay que tener en cuenta que Ucrania lleva años tratando de acercarse a Occidente mediante su adhesión a la UE y a la OTAN, lo que supondría una pérdida de influencia por parte rusa. 

Si a todo esto se añade un creciente nacionalismo ucraniano, que se ha manifestado con el establecimiento del ucraniano como única lengua oficial y con otras medidas lingüísticas discriminatorias del ruso, da como resultado un aumento en la tensión entre los dos países.

Mapa etnolingüístico de Ucrania en 2011. Imagen: Yerevanci

Aun así, el conflicto latente pareció calmarse relativamente con la llegada al poder del líder prorruso Víktor Yanukóvich (2010-2014), que se mostró mucho más cercano al Kremlin.

Tal fue el acercamiento que decidió suspender el Acuerdo de Asociación con la UE en noviembre de 2013, el cual suponía varias ventajas comerciales para el país. Como respuesta, el presidente ucraniano firmó con Putin una concesión de ayuda económica de casi 11.000 millones de euros y una sustancial rebaja en el precio del gas.

El rechazo al mayor acercamiento de Ucrania al organismo se tradujo en numerosas movilizaciones de protestas, duramente reprimidas, que duraron en torno a un año y que finalizaron con el exilio de Yanukóvich a la propia Rusia. Es lo que se conoció como el Euromaidán, pues las manifestaciones se iniciaron en la plaza de la Independencia de Kiev (Maidán).

Protestas en Járkov durante el Euromaidán en 2013. Imagen: UeArtemis.

A pesar de que se eligió a un nuevo presidente, Petró Poroshenko (2014-2019), y se fue restaurando el orden, no todas las regiones del país quedaron contentas. Es el caso de la península de Crimea, de etnia predominantemente rusa.

Allí, el Parlamento votó a favor de su anexión a Rusia, algo que su población también aprobó con casi un 96 % de apoyo. El resultado fue respaldado por Putin, que no dudó en hacer oficial su incorporación por sus intereses en conseguir anexionar a su territorio una salida al mar de Azov.

No obstante, la propia Ucrania, el Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN y la UE declararon el referéndum ilegal y sin validez alguna. De hecho, todo ello derivó en sanciones para la Federación Rusa.

Por su parte, la región del Donbás (zona este) aprovechó la situación de Crimea para declarar su independencia unilateral de Ucrania, lo que ha dado lugar a una cruenta guerra que continúa en la actualidad. Según la ONU, la cifra de fallecidos alcanzó las 13.000 personas hasta 2019.

Las cumbres de Minsk I (2014) y Minsk II (2015) pretendía solucionar la guerra en el este del país, pero lo acordado entre Ucrania, Rusia, Francia, Alemania y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) quedó en papel mojado.

Ni siquiera la llegada de Zelenski a la presidencia de Ucrania en 2019 parece ser la solución al conflicto, a pesar de los prometedores avances y predisposición iniciales.

La disputa por la simbología de las camisetas de la selección ucraniana, así como los cánticos pertrechados por su afición contra Putin durante el choque contra Austria, no parecen indicar que ambas partes tengan en mente buscar una solución al conflicto a corto plazo.

Macarena Hortal. Redactora.

“Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores, y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo”. Agustín de Hipona


Marina García. Jefa de Redacción y redactora.

“Los periodistas servimos para ayudar a los ciudadanos a serlo. A ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”. Joaquín Estefanía


Venancio Sánchez-Cambronero. Redactor.

“El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a esconderse”. Ryszard Kapuściński