Inés de Oya.

Inés de Oya, licenciada en Derecho y Criminología, es asesora jurídica del Punto de Igualdad Municipal mancomunado de los Ayuntamientos de Santiponce, Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán, dependientes de la Diputación Provincial de Sevilla. Una mujer que, día tras día, dedica su vida a la lucha por la igualdad y en contra de la violencia de género.

Para empezar, ¿nos podría contar cómo surgió su centro de trabajo y qué función se lleva a cabo en el mismo?
Andalucía, pionera en la lucha contra la violencia de género, creó hace años el Instituto Andaluz de la Mujer, servicio integrado en la Junta de Andalucía, para cubrir las necesidades planteadas por las mujeres ante estas situaciones. Eran Centros ubicados en las capitales de provincia que poco a poco fueron implantándose en otros municipios más pequeños. A raíz de diferentes acuerdos y protocolos institucionales entre La Junta de Andalucía y las Diputaciones Provinciales, se intenta dar cobertura prácticamente a la totalidad de localidades, como es el caso de la provincia de Sevilla. Uno de estos centros es en el que yo trabajo; y en ellos, a día de hoy, se cuenta con asesor/a jurídico/a, Agente de Igualdad y en algunos de ellos la figura de psicólogo/a; especializados en género. Son servicios que intentan cubrir la atención multidisciplinar a víctimas de violencia de género, así como actuar para la prevención y promoción de la igualdad en distintas esferas.

¿Qué le llevó a dedicarse específicamente a esto? 
Primero estudié Derecho; luego, Criminología. Esto se debe a que me gustaba mucho el Derecho Penal y, en concreto, el tema relacionado con las víctimas. Veía que estaban bastante olvidadas; realmente se ha empezado a hablar de ellas y protegerlas hace muy poco. A partir de ahí, empecé a trabajar llevando temas penales, principalmente. Más tarde formé parte del  Servicio de Atención a Víctimas, de la Junta de Andalucía.

Un volumen muy grande de las denuncias que recibíamos eran de mujeres que sufrían agresiones en casa, por parte de sus parejas, por lo que empezamos a percibir la necesidad de que existiese una regulación más rigurosa, una cobertura legal que les permitiese defender sus derechos ante los Tribunales. Las víctimas eran las grandes olvidadas de nuestro sistema penal. Tras cinco años en este servicio como asesora jurídica, entré a formar parte del Servicio mancomunado de atención a la mujer municipal, en el que llevo 18 años.

¿Le cuesta separar la vida profesional de la privada? ¿O se implica mucho y es difícil llevarlo? ¿Cuál es el tipo de casos que más le afecta?
No se olvida a las mujeres que has atendido. Es un trabajo que muchas veces te  llevas a casa, un trabajo que afecta a nivel emocional. Pero, con los años, aprendes a sobrellevarlo; a separar el ámbito profesional del familiar, es necesario para poder sentirte bien. Sin embargo, también he de decir que el día que determinados hechos no me afectasen dejaría de trabajar, porque me habría deshumanizado muchísimo. Tienes que aprender a reeducarte a ti misma: hay que ser profesional, pero la empatía con la víctima es necesaria en un trabajo tan asistencial como este.

Los casos que más me afectan, y nunca dejarán de hacerlo, son los relacionados  con menores. Desgraciadamente, cada vez tenemos  víctimas más jóvenes. La chica más joven que he atendido como víctima de violencia de género tenía solo 13 años. Viendo el importante incremento que estaba habiendo, el Instituto Andaluz de la Mujer optó por crear programas específicos de atención psicológica para chicas menores de edad víctimas de violencia de género; programas específicos para tratar concretamente a las adolescentes.

La intervención a nivel psicológico es tremendamente importante, junto con las acciones de protección a las víctimas; entre las que destacan los terminales de teleasistencia a móvil, gestionados por Cruz Roja a través de nuestros Servicios, o la aplicación llamada Alertcops, importante para las adolescentes que tanto utilizan estos dispositivos.

¿Cuál es el procedimiento a seguir cuando acude una víctima de violencia de género al centro?
Todo depende del momento en el que llegue la víctima, si llega ella por iniciativa propia, si le han informado de que debe acudir a los centros …

En general, en primer lugar, hay una toma de contacto con ellas, una escucha empática y activa en la que se debe crear un nivel de confianza que les facilite expresarse sin miedos.

Si existen lesiones por violencia física, o su estado de ansiedad nos impide actuar con ellas, recomendamos remitir al centro sanitario correspondiente, para que se emita el pertinente parte de lesiones, donde se identifican las mismas, y las posibles causas que las produjeron. Esto directamente se remite al Juzgado. Los informes, además de poder iniciar el procedimiento penal, sirven de prueba de la acusación y de la Fiscalía.

El siguiente paso sería DENUNCIAR, siempre y cuando la víctima quiera y se encuentre preparada para ello. Son comparecencias muy largas, en los que se cuentan los hechos  ocurridos y se solicitan las medidas de protección. Atendiendo a la gravedad de los hechos, puede acordarse la detención del agresor o no; en ambos casos en un plazo de 48 horas en el que el Juzgado especializado en violencia de género citará a las partes y decidirás las medidas cautelares penales y civiles que pueda acordar en la orden de protección.

A partir de ahí se les da apoyo legal, de protección, psicológico y social; que intenten limitar los efectos que esta situación les provoca.

¿Cuáles son los casos más frecuentes que suelen darse? ¿Y denunciarse?
La más frecuente es la violencia psicológica, siempre está presente en relaciones  donde existe violencia. Sin embargo, en muy pocos casos se denuncia. Suelen acudir cuando la violencia ya ha desencadenado en acciones física, pero siempre que existe violencia física existe violencia psicológica, va implícita en aquella. Es en el momento en el que perciben que  se han sobrepasado los límites, y es lo que las impulsa a denunciar en la mayoría de los casos.

Y, por el contrario, la violencia sexual es la que más se suele callar en casos de relaciones de pareja. Las víctimas llegan a “normalizar” los actos de violencia. La violencia psicológica, ambiental o económica también es violencia; no nos podemos quedar solo con las victimas asesinadas. Es muy importante que se sea consciente de ello.

En la gran mayoría de casos de mujeres que sufren violencia existen muchas dependencias emocionales hacia los agresores. Y las dependencias son eso, dependencias; éstas deben ser tratadas para poder poner fin a los ciclos de violencia.

Respecto a las víctimas jóvenes, hay que destacar el incremento de los delitos derivados del acoso por redes sociales, principalmente en los adolescentes. Te diría que un porcentaje muy elevado de chicas ha sufrido algún tipo de abuso, amenazas o coacciones por las redes. Y muchas no lo conciben como delito, y lo son. La mayoría tienden a “solucionarlo” en su entorno. Se vive como si fuera normal, y no. Hay que ponerle nombre a las cosas: si es delito, es delito.

¿Cuándo empiezan las víctimas a tener la capacidad y confianza de abrirse realmente?
Generalmente, las víctimas cuando acuden a estos servicios llegan con muchas ganas de hablar. A lo mejor no tienen claro si quieren denunciar o no, pero sí que necesitan que se las escuche.
No suele costar tanto en ese sentido. Incluso a veces acuden simplemente para separarse porque ha acabado la relación, pero empiezas a indagar un poco más y encuentras que hay mucho más ahí abajo.

Relacionado con esto, cuando la víctima no quiere denunciar y acude una persona cercana a ella a denunciar esa situación, ¿qué se puede hacer? ¿Se puede proporcionar ayuda o se hace alguna intervención?
Pasa mucho en gente joven, vienen amigos o incluso profesores a denunciar una situación de maltrato. Hay unos protocolos donde todo eso está estructurado, y hay que actuar conjuntamente. Cada vez se da más que el entorno de la mujer nos pida intervenir.  A veces es oportuno hacerlo, otras hay que estudiar cómo afrontar la situación; ya que podemos, sin querer, poner aún más en peligro a la víctima, o incluso que se cierre a comunicar lo que sea reticente a manifestar.

En casos graves, bien por los hechos acontecidos o bien por la vulnerabilidad de la víctima (menores incapacitadas…), sí actuamos directamente, valorando el riesgo existente; y planteamos la denuncia formal o emitimos el informe pertinente a la fiscalía de violencia de género. El problema surge cuando las víctimas no quieren colaborar; porque, aunque sean delitos perseguidos de oficio por la fiscalía, es complicado poder protegerlas, por no decir que es prácticamente imposible. No se puede proteger a quien se niega a ello. Aunque afortunadamente estos son los casos menos frecuentes.

Actualmente, ¿cree que hay muchas mujeres que aún no se atreven a denunciar? ¿Por qué sí o por qué no?
Hay muchas mujeres que no denuncian, y también muchas razones de esto. El qué dirán, la ausencia de apoyo familiar, la dependencia económica… Ellas solo quieren que las dejen en paz, no quieren venganza.

Un condicionante muy importante son los hijos/as,  ese concepto de actuar contra sus padres a veces les frena. Tienen muchas veces sentimientos encontrados; ella y el agresor han tenido un proyecto en común y les han unido unos afectos, por lo que a nivel emocional y psicológico les hace mucho más complicado dar este paso.

También es muy difícil sentirse identificada como víctima.

¿Considera que hoy en día está invisibilizada la violencia de género en nuestra sociedad?
Esta sociedad tiene muchísima información, pero tendemos a ver lo que nos interesa. Cuando alguien asesina a una mujer, no lo cuestionamos. Pero si el resultado no es ese, si se plantean denuncias por violencia psicológica, económica, ambiental o incluso física , pero con un resultado más leve, todo se pone en duda. Todos opinamos de forma muy sesgada. Aunque sea visible, muchas veces no queremos verlo.

Ahora se le está dando muchísimo bombo a las denuncias falsas, se hace mucha mala política de esto. Es algo de lo que estamos muy cansadas quienes trabajamos en primera línea con estas mujeres. Falso significa que los  hechos son mentira, que no se han producido; algo que el juez dejará  muy claro en la sentencia. Pero cuando una denuncia se archiva o se absuelve por falta de pruebas al agresor, no estamos hablando de denuncias falsas. En este sistema, afortunadamente, se necesitan pruebas para poder condenar por los hechos que se imputan a alguien. En la violencia de género, los hechos suelen producirse en casa, en la intimidad; no hay testigos en la mayoría de las veces, y en ocasiones no es fácil probar lo ocurrido, pero ello no significa que no haya pasado.

He de añadir que, desde el 2003, registramos más muertes por violencia de género que por terrorismo en España. Cuando surgen las normas, es porque se necesita  proteger algo. Ojalá no nos tuvieran que proteger porque no existiese esa necesidad. Pero cuando existe el problema, se tienen que tomar medidas.

Pero esto, desgraciadamente, es un tema muy politizado; y creo que hay una serie de materias que nada tienen que ver con la política, me da igual el color que cada uno vote. Igual que en el terrorismo se dijo: “Ya, aquí los colores no cuentan”. En esto exactamente igual, por algo existe el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

¿Qué cree que se podría hacer para que esta situación mejore?
Educación, educación y educación. Queda mucho por hacer, y la educación es el factor esencial para cambiarlo.

Tanto la educación que se da en casa como en los centros escolares. Porque ahí es cuando los niños y niñas se están formando. No podemos regular la educación que tienen los niños en casa, pero sí la que reciben en los colegios e institutos.

Aquí, la figura del co-educador es esencial. En Andalucía, por ley, es obligatorio; hay una persona que se encarga de organizar talleres y acciones para trabajar educando en igualdad.

También es muy  importante aprender a no juzgar a las víctimas, no ser una carga para ellas, apoyarlas. Tampoco juzgarnos a nosotras mismas. Hay que aprender eso desde el principio: respeto.

Indudablemente serán necesarias impulsar y dotar las políticas de igualdad. O continúan, o retrocedemos.

Como hemos podido ver a lo largo de la entrevista, su trabajo es muy duro. Así pues, ¿se lo recomendaría a sus hijos o cualquier otra persona? ¿Por qué?
El trabajo tiene que gustarte muchísimo, y a mí me encanta. A veces se pasa muy mal, es duro, y en ocasiones eso en casa lo notan. Pero a mí me da una satisfacción tan grande, que me merece la pena. Es muy sacrificado pero muy gratificante.

Es un trabajo que implica una carga emocional muy grande. Tienes que saber comunicarte con la gente, tratarlas adecuadamente, crear un ambiente de cercanía… La mujer va allí a abrirse, no puedes generar distancias. Pero pongo en la balanza lo que puedo sufrir y las recompensas que me da, y gana la segunda.

En conclusión, a cualquier persona le diría que haga lo que le apasione. Si mi hijo y mi hija  quieren esto, les apoyaría SIEMPRE.

 

 
Macarena Lledó. Subdirectora y redactora.

“Si no creemos en la libertad de expresión de las personas que despreciamos, no creemos en ella en absoluto”. Noam Chomsky

 

Macarena Hortal. Redactora.

“Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores, y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo”. Agustín de Hipona