María Dolores Pelayo.

María Dolores Pelayo es una abogada y política canaria que en 1977 fue senadora constituyente en de UCD por la isla de Tenerife. Más tarde, en 1979 tras ganar las elecciones, se convirtió en diputada del Congreso por la circunscripción de Santa Cruz de Tenerife. Allí estuvo cinco legislaturas, la primera como diputada de UCD, pero tras la salida de los partidos socialdemócratas de esta formación, ella se marchó al PSOE.

Fue diputada hasta 1996. Pero no solo destaca por su trayectoria política, sino también por su carrera como abogada, llegando a crear la Asociación  Canaria de Mujeres Juristas.

Actualmente, es presidenta del Consejo Social de la Universidad de La Laguna, donde trata de acercar el conocimiento a la sociedad. En definitiva, María Dolores Pelayo siempre ha puesto empeño en luchar por la igualdad y los derechos de las mujeres.

¿Qué fue lo que le llevó a constituir la Asociación Social Demócrata Canaria y a presentarse a las elecciones de 1977 con Unión de Centro Democrático?
Yo primero había constituido una asociación de mujeres juristas y entonces me dedicaba a dar charlas a las mujeres amas de casas, asociaciones de vecinos, etc… sobre los derechos de los que carecía la mujer. A partir de ahí fundé la Asociación Canaria de Mujeres Juristas y una vez constituida íbamos por los pueblos y las asociaciones de mujeres explicando y reivindicando los derechos que nosotras deberíamos tener.

De ahí vino la llamada de la política, ya que se planteó la oportunidad de convocar unas elecciones libres y entonces fue cuando constituí la Asociación Socialdemócrata Canaria con la que nos aliamos a UCD. Yo fui nombrada asesora electoral de la coalición en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. En este momento fue cuando opté por ir al Senado, porque tenía dos hijos pequeños y pensaba que el Senado me permitiría compaginar mi labor política con mi labor como abogada y madre de familia. Por ello acepté ir en las listas de UCD al Senado por la isla de Tenerife.

Cuando comenzó la campaña electoral en 1977 la gente me comenzó a llamar de otras islas para que fuera a hablar de las mujeres. Y esta visibilidad me permitió ser la número uno en votos al Senado en la isla de Tenerife. A estas elecciones se había presentado gente muy importante como el director del periódico Diario de Avisos; Alberto de Armas, un gran médico; y gente muy reconocida. Pero yo les doblé en votos y fui la senadora más votada de la circunscripción de Tenerife.

¿Cómo era el Senado que se encontró cuando ganó las elecciones?
Cuando llegué al Senado me encontré que solo habíamos cuatro senadoras electas de más de 200 senadores. Además, había dos senadoras pero que habían sido designadas por el cupo de designación real. El rey eligió a Belén Landaburu que había sido una procuradora en Cortes que se había distinguido en ladefensa de un par de leyes de igualdad. Y luego también estaba Gloria Begué Cantón que era una Catedrática con muchos conocimientos,  que fue miembro del Tribunal Constitucional.

¿Vivió algún tipo de situación de discriminación en el Senado?
No, la verdad es que me tenían mucho respeto y afecto. Me llamaban la princesa guanche.

¿Y eso? ¿Por qué?
Los senadores reales eran señores mayores, como por ejemplo Antonio González que era un gran investigador de Tenerife. Él me presentó a Camilo José Cela y un montón de senadores que habían sido designados por el Rey. Yo me sentaba cerca de los senadores reales y eran unos señores encantadores y muy amables que me invitaban, de vez en cuando, cuando se reunían. Eran gente de un alto nivel.

Realmente estábamos todos muy ilusionados por hacer las cosas bien, porque la democracia saliera adelante e hiciéramos una buena Constitución. Había un buen ambiente, a mi nunca me faltaron el respeto y siempre tuvieron detalles conmigo.

En la pelea política tuve alguna diferencia con un veterinario, porque yo defendí en el Senado la despenalización del adulterio y el amancebamiento, así como para tener una nueva regulación de los delitos contra la libertad sexual. Solo tuve un incidente con ese veterinario, que cuando estaba defendiendo la despenalización del uso de los anticonceptivos, me llamó y me dijo que él era veterinario y cuando les daba los anticonceptivos a sus vacas, estas no tenían ningún problema. Y yo dije:  “se ve el nivel que tiene usted cuando me compara con un animal”. Se lo dije con una sonrisa porque qué le voy a decir a un señor de estos.

¿La sociedad en esa época era machista?
Totalmente, te cuento alguna anécdota. Lo que decía la ley era que si la mujer trabajaba, el sueldo lo administraba el marido. Y era él quien administraba el dinero.

Por otra parte, los anticonceptivos eran delito. Además, la mujer no podía administrar su dote, sino que la administraba el marido, porque había una institución que era la dote y cuando te casabas lo hacías con una dote.

Yo me dediqué a este tema tanto en el Senado como en el Congreso durante las cinco legislaturas posteriores que estuve de diputada. Allí me tocaron temas como: la despenalización del aborto; la eliminación de todas las discriminaciones por razón de sexo que había en el Código Civil; incluso temas relacionados con los hijos, ya que habían hijos adulterinos, sacrílegos… y a partir de la reforma que se produjo, siendo yo la ponente principal la misma, todos los hijos eran iguales ante la ley sin discriminación alguna por su razón de nacimiento.

Se hicieron un montón de reformas porque teníamos una legislación hecha para el fascismo y por el fascismo.

¿Usted cómo conciliaba su vida familiar con su labor como política y abogada?
Yo me organicé. Cuando acabé la carrera, me di de alta enseguida y empecé a ejercer. Y luego me casé Pero antes de casarme le pregunté a mi marido por lo que pensaba, ya que no quería tener problemas todos los días. Pero él me dijo que creía en la igualdad y no tenía ningún problema. Y en efecto, no solo no tenía ningún problema, sino que me ayudó en la campaña todo lo que pudo. Y cuando fui diputada también. Me cubrió y organizamos un equipo en casa con la madrina de los niños, con mi madre y con él, lo que me permitió conciliar.

Yo tenía un gran despacho de abogados patrimonialista y de derecho de familia, entonces en mi ausencia tenía entre cuatro o cinco compañeros que él coordinaba y eso lo mantuve. Y luego en mi casa tenía a toda la familia volcada, y yo cuando venía a Tenerife salía con mis hijos, nos íbamos de vacaciones los cuatro juntos e intentaba compaginar.

Durante la legislatura constituyente y hasta mediados de la primera legislatura fue dirigente regional de UCD. ¿Qué hizo para lograr llegar hasta ahí?
Bueno, pues fundamos UCD aquí, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Aunque el origen de UCD fue la Asociación Socialdemócrata. A medida que íbamos haciendo campaña y mítines se unió gente y acabamos formando UCD en Canarias. Y claro, una de las fundadoras era yo, tanto de la coalición de la Asociación con la UCD como del partido.

¿Era usted consciente de que siendo líder de UCD y una de las pocas políticas de España, podría ser un referente para las mujeres en Canarias?
A mi lo que me preocupaba era hacer cosas. Yo fui a la política para hacer cosas, no para desempeñar un cargo. Para mi, la política era el instrumento para concebir la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos de los ciudadanos. Entonces, mi objetivo era trabajar en las comisiones para defender los planteamientos que yo tenía. Por ello, me dediqué a estar en el Parlamento, porque eso era lo que me gustaba.

Sobre todo me gustaban las leyes. Mi empeño era modificar las leyes, porque no me servía de nada ocupar un cargo si las leyes seguían siendo las mismas. Había que empujar para traer otras leyes, reconocer los derechos de los ciudadanos y traer otro esquema de organización democrática a España. Había tanto por hacer que no dábamos a basto.

Por ejemplo, la mujer no podía acceder a la Marina Mercante. Por ello, me fui a la sede de la marina mercante en Madrid y como senadora presenté un escrito interesándome en que se derogaran las disposiciones de las normas, para que la mujer pudiera acceder a la marina mercante. Y me contestaron que no podía ser porque las mujeres nos podíamos quedar embarazadas. Y con esa respuesta, me fui al ministro e inmediatamente la mujer pudo ser marino mercante.

Usted fue senadora, diputada, desempeñó numerosos cargos dentro del Parlamento y además era dirigente de UCD en Canarias. ¿Se siente una referente feminista?
Yo me siento feliz de haber podido hacer lo que hice, simplemente. A mi lo de ser o no referente me impone un poco. Yo quería luchar por la igualdad y además tuve la oportunidad, la suerte y el saber hacer de que el grupo me apoyara en todo lo que defendí en el pleno. Estuve cinco legislaturas en las que pude hacer muchas cosas relacionadas con la libertad e incluso con el derecho mercantil.

La gente incluso me escribía para que yo hablara con Telefónica, para ver si podía llegar la línea telefónica a los pueblos. Los diputados en aquella época estábamos para todos.

A partir de la segunda legislatura se presentó con el PSOE. ¿A qué se debió el cambio?
Nosotros cuando acabamos la ley del divorcio nos marchamos de UCD porque el portavoz de la UCD, don Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, había dicho que ya no se iba a votar ninguna ley más que fuera socialdemócrata. Entonces nos fuimos y apoyamos al gobierno en lo que nos comprometimos,pero desde el Grupo Mixto.

Allí defendí mis enmiendas al Estatuto de Autonomía de Canarias y muchos otros temas.

Yo cuando estaba en el Grupo Mixto pensaba que me retiraba a mi casa, hasta que vino Felipe (Felipe González) y quiso contar con nosotros para las listas electorales del año 1982. Yo quise dar el nombre de un compañero mío, Antonio Alfonso Quirós, para que fuera en las listas en representación del PAD, el Partido de Acción Democrática, que nosotros habíamos formado. Pero Felipe quería que fuera yo. Yo me negué, pero me estuvieron llamando bastante hasta que al final acepté y en el año 1982 fui en las listas del PSOE como independiente. Finalmente, celebramos un congreso, disolvimos la PAD y entramos en el PSOE, que era un partido socialdemócrata.

¿Cuál fue la situación que más le marcó su trayectoria política?
Es difícil porque aquello fue muy trepidante. El que asumía responsabilidades no paraba.

¿Se puede decir que a usted la movía la defensa de la igualdad?
Yo fui por la igualdad. Si hay un principio que a mi me mueve es la justicia, la injusticia de ver como tratan a unos y a otros de forma diferente producen que me revele. Yo me revelo contra la discriminación y me revelo contra las desigualdades. Ese sentimiento de justicia me llevó a trabajar en todo ello. La mayor satisfacción que yo tenía era cuando veía en el Boletín Oficial del Estado una ley suprimiendo una discriminación.

¿Cree que hay suficientes mujeres en políticas? ¿Cree que las cuotas que establecen un mínimo de presencia de un género son efectivas?
Con este tema yo estoy muy preocupada, porque en un principio cuando hablábamos de la ley que nos discriminaba, cambiábamos la ley. Llevamos años de cambiar la ley, hablamos de las cuotas, pero resulta que la realidad es tozuda porque a pesar de todos los esfuerzos todavía sufrimos discriminación en los salarios, en las pensiones, en el reparto de las responsabilidades familiares…

Una famosa escritora inglesa una vez me dijo que ella se conformaba con tener una habitación propia para poder escribir, es decir, que su libertad la concentraba en una habitación propia. Y yo siempre he dicho que eso es un error nuestro, un error del planteamiento de las feministas, porque nosotras no queremos una habitación. Nosotras queremos una casa distinta donde todos seamos iguales, es decir, una organización de las relaciones humanas que no sean discriminatorias y que no desprecie a la mitad de la humanidad.

En fin, que se equipare a los seres humanos y que tengan todos las mismas igualdades, oportunidades y respeto. Entonces, en ese momento, nosotros podremos construir nuestro currículum vital con dignidad, porque esto es un tema de dignidad humana. Nosotras no somos peores ni de peor condición que el hombre. Nosotras somos las madres de todos los hombres, entonces ¿cómo pueden los hombres maltratar a quien le dio la vida?

El año pasado se produjeron multitudinarias manifestaciones del 8m por toda España y partidos de la derecha y la ultraderecha afirmaron que el aumento de los contagios del coronavirus sonconsecuencia de las mismas. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
Esos individuos e individuas son viragos de la política. Hay mujeres que son viragos de la política porque entran en la política y se olvidan de su condición de mujer y se ponen a defender las tesis de los hombres más pronto que volando. Así nos ha ido, dando la coartada a los machistas.

El que ahora haya partidos de este tipo, demuestra que son ideologías que no tienen en cuenta la condición humana. Son ideologías fascistas que pretenden doblegar a las mujeres y pretenden volver al pasado con un sentido del patrimonio de la mujer. Y, a partir de ahí sienten que ahora no tienen nada en las manos.

¿Le preocupa que haya mujeres en partidos que defienden ese tipo de ideologías?
No es que me preocupe, es que me da pena. Me da pena porque no son mujeres, son viragos.

 ¿Qué le parece que la Delegación del Gobierno en Madrid haya prohibido las manifestaciones en esa Comunidad Autónoma?
Yo creo que el tema de las manifestaciones no es un tema decisivo para nuestra batalla. A ver si me explico. El año pasado hicimos una gran manifestación y una gran huelga general. Fue más efectiva la huelga que la manifestación. Entonces yo creo que las manifestaciones están bien, pero nosotras tenemos que ser más contundentes. Quedan unos restos para conseguir la igualdad y tenemos que ser más contundentes.

A mi me llamó mucho la atención el impacto que tuvo la huelga general y lo que hizo pensar a mucha gente. Esta huelga general se hizo con un apoyo internacional importantísimo de las mujeres. Y yo creo que hay que hacer un día al año una huelga general de mujeres. Y organizarla como se hizo aquella vez, a efectos de parar el mundo para que el mundo reflexione sobre lo que se está haciendo con las mujeres.

La ley trans que pretende impulsar el Gobierno ha generado mucho debate. ¿Cree que el feminismo se está fragmentando?
Ese es un mal planteamiento, porque el movimiento feminista es diverso y a lo largo de la historia ha ido implementándose con aportaciones diversas. Pero eso no ha dado lugar a ruptura. Si acaso a la derrota de determinados planteamientos que no han sido aceptados. Pero eso entra dentro de la lógica de las cosas y del funcionamiento de las mismas. Las unanimidades no existen. Los seres humanos somos seres diversos, pretender que haya unanimidad es una ilusión estúpida porque no es posible.

Los seres humanos tenemos nuestra propia forma de pensar y a lo que tenemos que ir es al concepto sobre lo que es esencial. Y en el resto viva la variedad.

Yo no veo una sociedad universal y uniforme, porque eso sería como un ejército. Que buenos son la pluralidad, la diversidad y el respeto.

¿Qué opinión tiene sobre la ley trans y el debate sobre la abolición o perpetuación del género?
Yo no quiero entrar en ese debate. A mi lo que me interesa que se respete la opción personal y eso es lo que hay que conseguir.

Yo, que fui legisladora durante muchos años, saqué muchas leyes por consenso. Cuando las leyes salen por consenso, esas leyes duran mucho. Una vez me felicitaron porque mis leyes todavía no habían sido modificadas. Y no había caído yo en eso.

Uno cuando legisla debe tener mucho cuidado porque estamos hablando de personas, de vidas, de ciudadanos, sentimientos y vocaciones. Entonces, cuando uno hace la ley debe tener en cuenta la realidad plural y ser respetuoso con los derechos de las personas. Hay que elaborar un marco amplio para que las personas puedan desarrollar sus libertades dentro de la ley.

 

Borja Durán. Director y redactor.

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”. Voltaire