Antoni Blinken (izquierda) y Serguéi Lavrov (derecha), representantes de EE. UU. y Rusia, en una reunión del 19 de marzo de 2021 en Islandia. Imagen: Departamento de Estado de los Estados Unidos.

  • Serguéi Lavrov y Antony Blinken conversaron en representación de las dos potencias
  • Tanto Rusia como la OTAN han acumulado numerosas tropas en torno a la frontera ucraniana
  • A pesar de la situación, no se prevé una guerra abierta ruso-ucraniana

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado de los Estados Unidos (EE. UU.), Antony Blinken, se reunieron ayer, 21 de enero, en Ginebra (Suiza). La conversación giró en torno a Ucrania y la creciente acumulación de tropas y armamento en las inmediaciones de su frontera.

Durante los últimos meses, la incertidumbre en Ucrania por la presión rusa en las zonas limítrofes del país ha ido aumentando. Así, la ex república soviética se ha convertido en motivo de disputa entre Rusia y Occidente, es decir, EE. UU. y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

El reciente aumento de discrepancias entre ambas potencias llevó a sus representantes a buscar una solución diplomática al problema ucraniano. Antony Blinken y Serguéi Lavrov debatieron sus posturas durante una hora y media.

A pesar de que la reunión no derivó en consecuencias reales inmediatas, da un margen de tiempo de actuación mayor y ayuda a distender la relación. El propio mandatario norteamericano tachó el encuentro de “franco” y “sustancial” y ambos quedaron abiertos a mantener nuevas conversaciones, incluso entre Joe Biden y Vladimir Putin.

“Este no es el final de nuestro diálogo. La próxima semana, como ya ha dicho el secretario Blinken en varias ocasiones, recibiremos una respuesta a nuestras iniciativas por escrito”, aclaró Serguéi Lavrov.

El ministro de Exteriores ruso hace referencia a dos proposiciones de acuerdo: uno con Estados Unidos y otro con los miembros de la OTAN. Los ambiciosos informes, que no han tenido una respuesta formal hasta ahora, buscan remodelar la estructura de seguridad europea.

Las principales medidas que contemplan los documentos implican el freno de la expansión de la OTAN a través de la inclusión de nuevos Estados, con mención especial para Ucrania. Asimismo, las decisiones de la Alianza deberían ser consultadas previamente con Rusia. Por otro lado, EE. UU. se vería obligado a retirar todo su arsenal nuclear desplegado en otros países miembros.

En este sentido, ningún miembro de la OTAN anterior al 27 de mayo de 1997 podría desplegar armamento militar en cualquier otro país. Por tanto, Europa Occidental y EE. UU. dejarían desprotegidos de material bélico a los países de Europa del Este, los Balcanes, etc.

El acuerdo es muy favorable al Gobierno de Putin, por lo que no se espera que los países occidentales acepten la mayoría de las propuestas. Ahora bien, la obtención de una respuesta por parte de EE. UU., previa consulta con los miembros de la OTAN, permite poner sobre la mesa las exigencias de Moscú.

El gigante ruso y Ucrania llevan en guerra desde 2014, cuando Rusia se anexionó la península de Crimea tras las protestas del Euromaidán (2013), a lo que le siguió la autoproclamación de independencia de la zona del Donbás (Donetsk y Lugansk).

A partir de entonces, la zona continúa en guerra debido a los enfrentamientos entre ultranacionalistas ucranianos, también de corte neonazi, y prorrusos, financiados por Rusia.

 

Los intereses rusos
El diálogo alcanzado con EE. UU. parece haber relajado las pretensiones rusas. A falta de ver cómo evolucionan las relaciones diplomáticas, la invasión de Ucrania no se contempla como una opción. El coste sería excesivo y dañaría la imagen del presidente ruso.

No obstante, Putin ha desplegado más de 100.000 soldados en la frontera rusa y bielorrusa con Ucrania. La idea de una retirada podría ser vista como una pérdida de influencia después del músculo mostrado si la OTAN no retira antes sus tropas.

Ante esta disyuntiva, los grupos militares continuarán en sus posiciones mientras aportan material al conflicto en el Donbás.

Aparte, esta semana se debatirá en el Parlamento ruso (Duma) el reconocimiento de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk por iniciativa del Partido Comunista ruso. Este hecho podría volver a aumentar la tensión entre las potencias, por lo que el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, instó a evitar pasos que pudiesen engrescar la situación.

Las medidas de la OTAN y de la Unión Europea
Desde el primer momento, la OTAN envió armamento a Ucrania para mejorar sus defensas en caso de ataque. También los países cercanos, como Polonia, Bulgaria o Rumanía, recabaron material bélico para poder intervenir y responder al poderío militar ruso.

España, como integrante de la OTAN, ha adelantado el envío de dos buques al Mar Negro ya previstos: la fragata Blas de Lezo, con 215 soldados, y el cazaminas Meteoro. Además, la ministra de Defensa, Margarita Robles, no descarta nuevas acciones: “Se está valorando la posibilidad de que haya un despliegue aéreo en Bulgaria”.

El único país que se ha opuesto al envío de armas letales a Ucrania es Alemania. Desde Berlín han prohibido la exportación de armas por parte de Estonia, puesto que el armamento se fabricó originalmente en el país germano.

Mapa del pulso entre la OTAN y Rusia en Europa Oriental (2018).
Imagen: Abel Gil Lobo en El Orden Mundial

Sin embargo, la Alianza está dispuesta a entrar en guerra contra Rusia. Ucrania no es un país miembro, así que no estarían obligados a intervenir en caso de injerencia.

Por tanto, la Unión Europea (UE) y EE. UU. solo han anunciado duras sanciones económicas en caso de invasión. Aun así, Joe Biden seguirá proporcionando asistencia militar.

 

El interés en Ucrania
Ucrania es un Estado muy inestable y con dificultades para mantener su propia soberanía. Desde el Euromaidán el país ha contado con la ayuda de paramilitares de financiación privada para defender su territorio.

Tampoco la Unión Europea ni la OTAN lo ven como un miembro de ninguna de las organizaciones a corto plazo, aunque le proporcionen ayuda económica y militar.

No obstante, Ucrania es uno de los mayores exportadores de productos agrarios del mundo y por él pasan numerosos conductos que trasladan el gas natural ruso hasta Europa Occidental. El propio hijo del presidente norteamericano, Hunter Biden, participó en el consejo de administración de una de las mayores empresas productoras ucranianas.

El tema del gas natural es de gran preocupación para Alemania, puesto que es responsable del 16,7 % de la energía eléctrica del país. Este sería uno de los motivos para evitar participar en el envío de armas.

Para Rusia, más allá de intereses étnicos e históricos, Ucrania es una pieza fundamental gracias a su funcionamiento como puerta de entrada a Europa Occidental.

En relación con la seguridad del gigante ruso, la ex república soviética también permite poner tierra de por medio con entidades militares como la OTAN.

 

Venancio Sánchez-Cambronero. Redactor.

“El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a esconderse”. Ryszard Kapuściński

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