El World Trade Center de Nueva York arde en los ataques del 11-S. Imagen: RTVE.

  • De los cuatro aviones secuestrados por Al Qaeda, dos colisionaron contra el World Trade Center, uno contra el Pentágono y el último se estrelló en Pensilvania
  • El número de víctimas mortales por los atentados del 11-S, a día de hoy, asciende a 2.977
  • Veinte años después, ya sin tropas estadounidenses en Afganistán, la situación del país asiático sigue prácticamente igual 

Hace 20 años, a las 8:46 horas, el vuelo número 11 de American Airlines que viajaba de Boston a Los Ángeles se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York. Todo parecía indicar que aquel suceso no fue más que un accidente aéreo hasta que, 17 minutos después, el vuelo 175 de United Airlines colisionó con la Torre Sur, confirmándose así el mayor ataque terrorista de la historia de los Estados Unidos.

Estos dos aviones fueron secuestrados por la organización terrorista Al Qaeda, sin embargo, pese a ser los más conocidos, no fueron los únicos aeroplanos que la organización terrorista raptó aquel día. Un tercer avión se estrelló contra las instalaciones del Pentágono a las 9:37 horas y una última aeronave, que en principio iba dirigida hacia el Capitolio (Washington D.C.), colisionó a campo abierto en Pensilvania, a 200 kilómetros de su objetivo. 

Las cifras están cerca de los 3.000 fallecidos, 2.977 en concreto, y no han parado de aumentar, debido a que, pese a sobrevivir al ataque, algunas víctimas murieron tiempo después a causa de las secuelas relacionadas con el atentado. 

La mayoría de víctimas mortales se sitúa en las Torres Gemelas, debido a que una hora después del segundo impacto, la Torre Sur se desplomó y el edificio se derrumbó. Se calcula que, de las aproximadamente 25.000 personas que había en el World Trade Center, 2.753 fallecieron. Por otro lado, el número de muertes en el ataque al Pentágono fue de 184, mientras que en el cuarto avión fenecieron los 40 pasajeros y miembros de la tripulación.

Además, los 19 miembros terroristas que protagonizaron el secuestro de los aviones también fallecieron. La mayoría de ellos tenían origen saudí y, pese a que Osama Bin Laden era el líder y la cara visible de Al Qaeda, el cabecilla de la operación fue Mohammed Atta, que llevaba un año viviendo en territorio estadounidense. El autor intelectual del atentado fue Khalid Sheikh Mohammed y sirvió de enlace entre los terroristas reclutados y Osama Bin Laden.

A partir de ese momento, el mundo inició una lucha contra el terrorismo de Al Qaeda en el que hubo dos objetivos. Por un lado, localizar a su líder, Osama Bin Laden; y, por otro lado, derrocar el régimen talibán de Sadam Hussein en Irak

George Bush, presidente norteamericano en aquella época, fue el encargado de encabezar esa lucha contra el terrorismo, a la que también se unieron España, Francia, Bélgica y Reino Unido, que lanzaron varias ofensivas militares contra Afganistán e Irak.

“Cuando sepamos quién ha sido, no les voy a gustar como presidente. Alguien tiene que pagar por esto”, fueron las palabras de Bush después del atentado del 11-S. Desde entonces, el presidente de la Casa Blanca centró todos sus esfuerzos en encontrar al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, con la intención de instaurar un gobierno que contase con el beneplácito de Estados Unidos ante la amenaza talibán.

No obstante, no fue hasta diez años después, con la legislatura de Barack Obama, cuando consiguieron dar y ejecutar a Bin Laden el 2 de mayo de 2011. A su llegada a la Casa Blanca en 2008, Obama prometió poner fin a la guerra con Irak, y así fue. En 2010 firmó el cese de hostilidades y al año siguiente inició la retirada de tropas. Obama afirmó que gracias a su labor en Irak y Afganistán “el terrorismo de Al Qaeda no tiene donde esconderse” y ha permitido que “Bin Laden no vuelva a caminar sobre la faz de La Tierra”.

En los últimos años, durante el mandato de Donald Trump, la situación con Afganistán cambió radicalmente de registro. Su Administración inició las conversaciones con los talibanes para hacer efectiva la retirada de tropas estadounidenses “sin sobresaltos”. Trump firmó los llamados “Acuerdos de Doha” en 2020 para poner el cierre definitivo al conflicto y a la lucha contra el terrorismo. La retirada total de las fuerzas armadas puso fin a 20 años de ocupación de soldados norteamericanos en Afganistán.

Con la victoria de Joe Biden en las elecciones, Estados Unidos anunció una prórroga de la retirada de tropas hasta una fecha simbólica: el 11 de septiembre de 2021. Ante esta situación, los talibanes comenzaron a recuperar el territorio en una reconquista que apenas duró unas semanas, lo que obligó a la población afgana y a las tropas internacionales a huir del país.

Veinte años después, ya sin tropas estadounidenses en Afganistán y tras más de 2.400 militares fallecidos, la situación sigue prácticamente igual, con el Gobierno de Afganistán controlado por los talibanes y la población afgana sumida en el caos y en el terror. Joe Biden, por su parte, ha afirmado que no librará otra guerra y que “la era de las grandes operaciones militares para rehacer otros países ha terminado”.

Alberto García. Jefe de Deportes y redactor.

“No miente tan solo aquel que habla en contra de lo que sabe sino, ante todo, aquel que habla en contra de lo que no sabe”. Friedrich Nietzsche