El primer ministro de Turquía, Erdoğan, en una reunión con Pedro Sánchez en 2019.
Imagen: Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España. 

  • El país busca establecer una “zona de seguridad” fronteriza de 30 kilómetros
  • Tanto el Gobierno sirio como Rusia y la OTAN se oponen a las nuevas operaciones militares
  • El bloqueo turco a la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN podría motivar un apoyo de los países miembro

El primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, lleva advirtiendo de una nueva operación militar en el norte de Siria desde hace dos semanas. El pasado 26 de mayo, el mandatario fijó como objetivo establecer una “zona de seguridad” libre de “terrorismo” de más de 30 kilómetros en la frontera entre ambos países.

La ofensiva pone el foco en dos ciudades de Alepo, en el norte de Siria: Tal Rifaat y Manbij, según reconoció Erdoğan en una reunión frente a los miembros de su partido el 1 de junio.

Mapa político de Siria. Imagen: Central Intelligence Agency’s World Factbook.

 

Estos territorios, además de albergar células del Estado Islámico y otros grupos islamistas, están bajo el control mayoritario de los kurdos. Aquí se encuentran las Unidades de Protección Popular (YPG), de etnia kurda, a las cuales Turquía también considera terroristas y con las que pretende acabar.

A pesar de las amenazas y los inicios de movilización, desde Ankara necesitan el visto bueno de otros países para justificar el ataque y reducir los costes económicos y militares. Sin embargo, ninguno de los actores internacionales en Siria apoya la decisión por el momento.

El Gobierno sirio de Bashar al Asad amenazó con una “resistencia popular” en caso de que atacasen zonas con presencia del Ejército Árabe Sirio. La contundente sentencia responde al apoyo turco a los rebeldes opositores.

Rusia no ha dado su brazo a torcer. La alianza de Putin con Bashar al Asad y la necesidad de retirar tropas de Oriente Próximo para destinarlas a Ucrania dificulta su respaldo. La tibieza de Erdoğan respecto a las sanciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha servido para cambiar la postura rusa.

Ni siquiera la OTAN, a la cual pertenece Turquía, se ha mostrado favorable. Estados Unidos (EE. UU.) es el principal opositor, puesto que colabora con el YPG en la lucha contra el terrorismo yihadista.

“Cualquier nueva ofensiva socavaría la estabilidad regional y brindaría a los actores malignos la posibilidad de explotar la inestabilidad”, defendió el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken.

Sin embargo, Turquía puede todavía utilizar su posición dentro de la Alianza Atlántica a su favor. El país es el único que rechaza la unión de Suecia y Finlandia al organismo, debido al asilo proporcionado a miembros del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), brazo político de las YPG prohibido por terrorismo.

 

La cuestión kurda y Turquía
El pueblo kurdo se expande desde tiempos históricos por la región asiática del Kurdistán, que conforman parte de los países de Turquía, Siria, Irak e Irán. Esta minoría étnica es una de las mayores del mundo, pero no cuenta con un Estado propio.

Tras la disolución del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, tuvieron una primera oportunidad de independencia con el Tratado de Sèvres (1920). Sin embargo, las revueltas de nacionalistas turcos consiguieron que el acuerdo se sustituyese por el Tratado de Lausana (1923), que privó a los kurdos de sus aspiraciones de autonomía.

Expansión de la etnia Kurda y propuestas de Estado. Imagen: Joaquín Domínguez vía El Orden Mundial.

 

Como consecuencia, la población se repartió por los cuatro países de Oriente Próximo, representando gran parte de la demografía de cada uno. Así, en Turquía residen en torno a 15 millones de kurdos, casi un 19 % del total, según los datos de la CIA en 2016.

Turquía fue y es altamente intolerante con las minorías étnicas: incluso su lengua sigue siendo reprimida extraoficialmente. Aun así, el nacionalismo kurdo resurgió mucho más tarde, en la década de los setenta, con el nacimiento del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) en 1978.

De la mano de Abdullah Öcalan, y con el apoyo soviético, el PKK se enfrentó al Estado turco por primera vez. La aspiración máxima era la independencia del Kurdistán y la consecuente implantación de un Estado acorde con los ideales marxistas-leninistas.

El poderío militar turco obligó a los kurdos a firmar un tratado de paz, poniendo fin al enfrentamiento oficial entre 1984 y 1999. Los ataques terroristas a civiles le hicieron perder credibilidad, lo que, con la caída de la Unión Soviética, sumió al partido en una etapa de reflexión.

El PKK experimentó un giro ideológico hacia el confederalismo democrático, que aboga por un mayor protagonismo del ecologismo y de la mujer. Asimismo, Abandonaron la idea de crear un estado socialista kurdo y optaron por la paz y y la defensa de la democracia directa, sin intermediarios, a través del comunalismo.

Para entonces, el partido ya había sido prohibido, acusado de terrorismo, por lo que sus líderes se refugiaron en otros lugares, como Suecia, Siria u otros países del continente africano. El Partido Democrático de los Pueblos (HDP) fue el heredero del vacío político que dejó el movimiento de Öcalan.

Sin embargo, la nueva idea del PKK no se erradicó y acabó poniéndose en práctica en el norte de Siria. La guerra civil en este país dejó muchas zonas sin autoridad política, las cuales fueron aprovechadas por la población kurda en Siria para poner en marcha su propuesta. La cercanía del intento de organización estatal kurda a la frontera turca es el principal motivo de alarma y de conflicto con Turquía.

Aun así, hay que destacar que una etnia no es un grupo homogéneo político, por lo que el apoyo kurdo a esta organización no es total. Dentro del nacionalismo kurdo conviven diferentes movimientos políticos que no son iguales entre sí.

El Kurdistán y Turquía en la guerra de Siria
En marzo de 2011 comenzó la guerra civil que hoy todavía reina en Siria. El malestar social por el desempleo y la falta de libertades por parte del Ejecutivo de Bashar al Asad era cada vez mayor.

 

La población decidió entonces movilizarse, aupado por el contexto de la Primavera Árabe. Este es el nombre con el que se conoció a la multitud de revueltas que se dieron entre los años 2010 y 2012 en una gran cantidad de países árabes. En línea con las demandas sirias, también buscaban una mayor democratización y la ampliación de derechos sociales.

Mientras que en muchos países las protestas se resolvieron con la caída de los respectivos Gobiernos, otros tantos mantuvieron a sus líderes tras la represión ejercida. Siria se quedó a medio camino entre ambos: Al Asad continuó en el poder, pero los manifestantes se armaron, estallando una guerra civil.

El conflicto se internacionalizó y las principales potencias y vecinos se repartieron entre los bandos. Rusia apoyó al Gobierno vigente con el fin de devolver el control del territorio (rojo).

La oposición siria contó con el apoyo de Estados Unidos, Turquía, Catar y Arabia Saudí, entre otros. Sin embargo, no es un grupo homogéneo, sino que están totalmente atomizados y, aunque coinciden en diversos intereses, confrontan en muchos otros aspectos. Por ello, las alianzas no están tan definidas en ocasiones.

Aquí se encuentran el Estado Islámico (negro) y la rama de Al Qaeda en Siria, Hayat Tahrir al Sham (negro sobre verde), como principales grupos islamistas. Por el contrario, Estados Unidos colabora con las milicias kurdas en operaciones de contraterrorismo. Esta población kurda en Siria acostumbra a trabajar en alianza con las Fuerzas Democráticas Sirias (amarillo), las cuales están muy extendidas por el noreste de Siria, cerca de la frontera con Turquía.

Por su parte, el Ejército Nacional Sirio (SNA) agrupa a numerosos rebeldes pro-turcos (verde), por lo que Erdoğan siempre les ha garantizado su apoyo.

En los últimos años, la posición del Gobierno de Ankara respecto a la guerra en Siria ha cambiado. Las operaciones más destacadas han ido dirigidas a la lucha contra los asentamientos kurdos, con el fin de evitar que establezcan un Estadio propio en su frontera.

Las operaciones Escudo del Éufrates, Rama de Olivo y Fuente de Paz entre 2016 y 2019 confirman esta tendencia. Ahora, tras más de tres años sin ofensivas tan agresivas, las milicias kurdas podrían volver a enfrentarse a las tropas militares de Erdoğan.

 

Venancio Sánchez-Cambronero. Redactor.

“El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a esconderse”. Ryszard Kapuściński