Edificios en la ciudad siria de Alepo en 2017. Imagen: aladdin hammami en Unsplash.

  • El jefe del Estado Islámico fue uno de los responsables del genocidio yazidí
  • La ofensiva norteamericana llegó días después del asalto del grupo terrorista a una prisión en Hasaka, Siria

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, confirmó el pasado jueves, 3 de febrero, que el ejército del país había eliminado a Abu Ibrahim al Hashimi al Quraishi. El líder de la organización terrorista ISIS se inmoló tras una misión de contraterrorismo en su residencia en Atmeh, al noroeste de Siria y cerca de la frontera turca.

La operación terrestre comenzó en la madrugada del día 3 con la llegada a la zona de varias tropas especiales transportadas en helicópteros. Uno de los vehículos sufrió una avería, lo que retrasó el ataque, que duró cerca de dos horas, y obligó a destruirlo para evitar que la tecnología estadounidense se quedase en el territorio.

No hubo soldados heridos, a pesar de que la renuncia a un ataque aéreo dificultase la acción militar. “Ordené al Departamento de Defensa tomar todas las precauciones posibles para minimizar bajas civiles”, explicó Joe Biden en una rueda de prensa posterior.

Sin embargo, fallecieron 13 personas (seis niños y cuatro mujeres) que se encontraban también en el edificio en aquel momento, según los Cascos Blancos, una organización para la protección de la población civil partidaria del bando rebelde.

Se presupone que los explosivos detonados por Al Quraishi fueron los causantes de las muertes. Aun así, el portavoz del Pentágono, John Kirby, aseguró que estaban trabajando para determinar si las tropas norteamericanas habían provocado alguno de los asesinatos.

El cuerpo del líder del Estado Islámico se dejó en el mismo lugar, pero Estados Unidos confirmó su identidad a través de pruebas de huellas y ADN. Por el contrario, el ISIS todavía no ha certificado su muerte.

Así se puso de nuevo fin al cabeza de la banda islamista, después de que el Gobierno de Trump hiciese lo propio en 2019 con su antecesor, Al Baghdadi, refugiado a apenas 24 kilómetros de Atmeth, Siria.

Desde entonces, Al Quraishi se erigió como jefe de la organización, pese a que no es de origen árabe, sino turcomano. No obstante, apenas apareció públicamente durante estos tres años.

Entre sus principales crímenes, está acusado de participar en la limpieza étnica de la minoría kurda yazidí en 2014, la cual ha sido tachada de “genocidio” por la propia Organización de las Naciones Unidas en uno de los informes presentados al Consejo de Seguridad.

 

El Estado Islámico vuelve a la carga
Aunque el golpe se llevaba estudiando desde hace varios meses, se produjo tan solo unos días después del fin del asalto del ISIS a la prisión en Hasaka (Siria) el pasado 20 de enero. Los islamistas trataron de liberar a los cerca de 3.500 miembros que están allí encarcelados.

Durante casi dos semanas, los integrantes del Estado Islámico aguantaron el asedio del centro penitenciario por parte de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), milicias kurdas y árabes; y el respaldo de soldados estadounidenses.

El SDF sitúa el balance de fallecidos por encima de los 500, pero los datos no son del todo fiables. En torno a 1.600 yihadistas anunciaron su rendición; el resto han fallecido o han conseguido fugarse. También se desconoce qué sucedió con los cerca de 700 niños soldado que estaban dentro de la prisión.

El conflicto provocó el desplazamiento de 45.000 personas de la ciudad de Hasaka, la cual fue posteriormente registrada en busca de personal del ISIS fugado.

Aunque continuaba con ataques en Siria y en Irak, el grupo terrorista no había perpetrado una ofensiva de tal magnitud desde su gran pérdida de influencia en 2019. De hecho, es la confrontación más grande con EE. UU. desde ese año.

La rama iraquí de Al Qaeda ya no tiene el control que poseía en ambos países de Oriente Próximo en 2014. Actualmente, su fuerza radica en pequeñas células durmientes repartidas por todo el territorio. Especialmente, la frontera turco-siria, donde se produjo la operación militar, es una zona muy habitada por miembros tanto de ISIS como de Al Qaeda y otros grupos terroristas.

 

Venancio Sánchez-Cambronero. Redactor.

“El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a esconderse”. Ryszard Kapuściński

Califica este post