Marina García

Mujeres y deporte es algo que a la gente le sigue sin cuadrar del todo. No solo dentro del mundo de las competiciones, sino en todo lo que le rodea. 

Es extraño, pero cada vez que me pongo la camiseta de mi equipo siento que tengo que justificar que me gusta el fútbol para tener el “derecho” de poder llevarla. Parece que si no lo hago, la llevo por aparentar algo, aunque no sé el qué. Dudo mucho que esto le pase a un hombre. El problema es que al decir que me gusta el fútbol también siento que lo tengo que demostrar, que tengo que enseñar que sé lo que es un fuera de juego, cuándo se pita un penalti y por qué eso es amarilla.

Al decir que me soy aficionada de un deporte tengo la necesidad constante de justificar a cada momento que sé de lo que estoy hablando porque sino no se me tomará en serio. Pero es que yo también me sé las posiciones de un equipo de baloncesto, los tiempos en un partido de balonmano o los nombres de los pilotos de Fórmula 1.

Parece que el hecho de ser hombre ya te convierte en experto en todas las disciplinas que se te puedan pasar por la cabeza, incluso en curling. No obstante, con las mujeres eso no pasa. Da la sensación de que es “raro” que una mujer grite un gol o llore porque su equipo sea eliminado de una competición.

Es frustrante tener que pensar  todo esto antes de poner un tuit después de un partido o de comentar algo con mis amigos al día siguiente a un encuentro, porque estoy convencida que ninguno de ellos ha pensado en lo mismo ni una sola ocasión.

Cada vez que hago un comentario de algún deporte parece que no se valora lo que digo. Incluso he llegado a pensar que ni siquiera me estaban escuchando. Por suerte, no todos son así. No le estoy echando la culpa a nadie ya que, posiblemente, ni se hayan dado cuenta.  Es bastante triste. Estoy prácticamente segura de que sé más cosas de las que la gente da por hecho, porque conozco las reglas de muchas más disciplinas de las que pueda parecer, porque yo también sé de deportes a pesar de ser una chica. 

Si de por sí esto ya es frustrante, imaginad para mí, que me dedico a escribir de deportes. Siempre se habla de atletas referentes y, es cierto que son necesarios, pero también lo son  fuera de los terrenos de juego. Tan importante es impulsar el deporte femenino como el resto de profesiones que rodean a este ámbito. 

El otro día en Twitter me encontré la historia de una entrenadora de baloncesto que denunciaba precisamente esto. Es tan raro todavía ver a una mujer en un puesto históricamente atribuido a los hombres que hasta cuesta. Ella contaba que en varios partidos a los que había asistido, repito, como entrenadora, no la habían reconocido como tal.

Pero si nos alejamos un poco más de los campos y miramos a los palcos ¿cuántas periodistas deportivas narran grandes competiciones? Es raro ver a una profesional femenina como comentarista principal en un partido de Champions o en un Gran Premio de Fórmula 1. No voy a decir que no haya voces de mujeres en el deporte, porque sería mentir, pero son minoritarias, al menos en aquellos deportes “de hombres”. 

Esto no es una lista de quejas y mucho menos de recriminaciones. Esto es simplemente la carta que me hubiera gustado recibir con 7 años para saber que no pasaba nada por ir a clase con la camiseta de la selección o por saber quién era el portero del Barcelona. Cada día será mejor o, al menos, eso me gusta pensar. A mi yo de 7 años: igual mañana te conviertes en eso que tanto buscaste.

 

Marina García. Jefa de redes sociales e imagen corporativa y redactora.

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